La mirada posible: un acto de fe. Acercamiento a la obra de José Luis Malo: “De la luz a la sombra”

Por Roberto Galaviz

La historia sagrada cuenta que Dios dijo que la luz se hiciera y entonces todo lo que vemos existió. Lo que nadie recuerda, quizá ni Dios, es que antes ya todo estaba, pero faltaba la reveladora luz que enfoca y da calor a unas cosas, y oscurece y enfría a las otras: la historia del universo entero se cuenta completa en cada trazo que José Luis Malo logra en los lienzos.

Esto, más que entenderlo, hay que sentirlo, es más como un acto de fe que aunque a simple vista no podamos constatar, sabemos que está ahí, -que es posible- y si es posible, enmarca un sinfín de elementos que unidos al azar, o milimétricamente, son el esquema absoluto de todo lo que la luz nos ha cegado y todo lo que la sombra nos ha mostrado, y viceversa, mil veces.

Da la impresión que la realidad se desprende a ceniza, costras y viento cuando uno se atreve a enfrentar la mirada de los personajes que habitan en sus cuadros.

Por un segundo y esperando que nadie lo note, comprobamos que nuestra piel siga elástica y nuestros pies puedan aún moverse del piso: la mirada de esos hombres y esas mujeres en la derrota de la soledad -solitarios entre la multitud que los ha vuelto etéreos, casi invisibles- es una mirada que recuerda a Medusa, una mirada que petrifica al menos por un instante.

Sin embargo, nos damos cuenta luego, estamos a salvo, no del todo, por supuesto, pues uno nunca sale ileso de una mirada así de reveladora, una mirada que nos acerca a pensar en otro acto de fe milenario y propio de todas las civilizaciones: el alma existe.

La soledad, pensemos, es un invento colectivo, una consecuencia social, se construye e imagina en referencia a los demás.

Unos hacen el rol de ser luz y otros, de ser sombra, así funciona: a cada paso vamos dejando en cada lugar, en cada persona y en cada tarde algo de nosotros, de nuestra vida en sí: fragmentos de luz y sombra con las que los otros hacen nuestra imagen, nos desprendemos para que los otros nos existan.

Lo obvio sería contemplar la obra de José Luis Malo desde los ojos. Naturalmente, eso nos llevaría a ver, en consecuencia, sólo lo elemental, y sin duda: estaríamos equivocados: En ese primer acercamiento, el más importante, fallaríamos desde el principio.

El universo profundo, expresivo y sinestésico que nos propone el artista nos compromete a una visión integral, mucho más íntima y completa.

Nos obliga, -con la amabilidad y la violencia propia de la belleza- a redefinir cómo se observa una obra de arte.

Iría más lejos incluso: José Luis Malo nos obliga a redefinir cómo vemos los días todos los días: si lo hacemos únicamente de la forma primaria, obvia o superficial de intentar ver únicamente con los ojos, estaríamos equivocados.

Es necesario y hasta urgente ver con cada partícula de nosotros, con nuestra piel y nuestros huesos, ver con lo que somos y con lo que fuimos, con la luz que reflejamos y con la sombra que nos espera.

Su obra nos seduce a habitar la realidad como un acto de fe, como una plegaria: creer sin ver y, no obstante, ver mucho más allá de lo evidente.

26 de enero de 2016.

Zacatecas, Zacatecas.