Parusía 3.0

Por Jesús Zamora Bonilla[1]

  1. MOLINA DE ARAGÓN, SEIS GRADOS BAJO CERO

Había tenido que ir a Teruel desde Madrid para visitar a unos clientes. Se acercaba el invierno y el mal tiempo me acobardaba, así que decidí dejar mi coche en el garaje y viajar en autobús. Es un viaje de menos de trescientos quilómetros, pero que dura cuatro horas y media, y eso sin lluvia o nieve. En realidad, esta lentitud no me pareció un inconveniente, porque, frente a la continua prisa de mi vida cotidiana, el tener todas aquellas horas, y otras tantas en el viaje de vuelta, para poder pasarlas leyendo con toda tranquilidad, sin ninguna otra obligación, me parecía un verdadero regalo, así que hice acopio de tres o cuatro volúmenes prometedores, además de un par de periódicos, y me embarqué en el autobús paladeando mi suerte. El viaje de ida fue realmente como lo había previsto, y, después de hojear pausadamente los periódicos, cayó de un solo golpe un libro apasionante acerca del cromosoma Y, no todas cuyas afirmaciones me parecieron correctas o pertinentes, pero tal cosa no hacía sino avivar mi interés por su lectura. El viaje de retorno, en cambio, fue bastante peor. Una tormenta de nieve hizo que recorriéramos la primera parte del camino a paso de tortuga, los otros libros que llevaba no despertaron tanto interés en mí como el primero, y además, habíamos salido tan temprano que aún no había periódicos a la venta en Teruel cuando monté en el autobús. Para colmo de males, el conductor llevaba puesta una emisora cuyas canciones estridentes nos impedían conciliar el sueño a los pasajeros, aunque sin duda el hombre lo hacía con la precavida intención de mantenerse despierto durante el camino. Así que, cada dos por tres, no podía evitar levantar la vista de mis lecturas y pasarme largos minutos contemplando la nieve caer, aunque para ello tenía que frotar los empañados cristales continuamente. El autobús que une Madrid y Teruel hace una parada de casi media hora en Molina de Aragón, una ciudad pequeña, muy importante siglos atrás por estar situada a mitad del camino entre los reinos de Aragón y Castilla, pero que quedó casi aislada desde el siglo XIX por la apertura de nuevas carreteras y líneas de ferrocarril bastante más al norte. Aquella mañana pude comprobar que el clima tampoco había favorecido el destino de la villa, pues es posiblemente la más fría de todo el país. Una pareja de policías municipales estaban esperando que el autobús estacionase para decirle al conductor que la carretera de Guadalajara, por donde habíamos de proseguir nuestro viaje, estaría cortada mientras las máquinas quitanieves la dejaban practicable, lo cual aún llevaría una hora, por lo menos. Así que los escasos viajeros nos vimos condenados a matar el tiempo en un pequeño bar.

[Para leer el texto completo, te invitamos a adquirir la versión impresa de la revista. Escríbenos para mayores informes.]


[1] Catedrático de Filosofía de la Ciencia y actual decano de la facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en Madrid. Es doctor en filosofía y economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado varios libros, entre los que destacan La caverna de Platón y los cuarenta ladrones, y la novela Regalo de Reyes.  Cuenta con dos blogs literario-filosóficos:  http://escritossobregustos.blogspot.mx/; http://abordodelottoneurath.blogspot.mx/