Meditaciones filosóficas de Dios, el mundo, el hombre /Theodor Ludwig Lau

Traducción por Fernando Leal Carretero

Nota introductoria

Hase elegido este texto por su considerable valor literario. La doctrina que aquí se presenta es la que ha pasado a la historia como deísmo: uno de los legados más potentes de la Ilustración. Basta pensar en Voltaire, cuyo estilo es naturalmente de todo punto diferente al de Theodor Ludwig Lau. Brevemente, Lau, nacido en 1670, siguió la buena costumbre alemana de estudiar tres carreras, en su caso filosofía, teología y derecho. Tras trabajar, como era usanza entonces, para un príncipe, tuvo la ocurrencia de presentarse al público literario, primero en 1717 con las Meditaciones anónimas de las que aquí presento un extracto, luego, acaso enardecido por un éxito inesperado, en 1719 con una versión corregida y aumentada: las Meditaciones, tesis y dudas filosófico-teológicas, firmadas “por un amigo de la verdad ecléctica”. Como era predecible, los bienpensantes de la época pronto descubrieron la identidad del autor de escritos tan pestilentes, con lo cual Lau no solamente no pudo ya encontrar trabajo sino que sufrió persecución, al grado que en 1727 tuvo que abjurar de sus creencias para poder sobrevivir. Mal por cierto, puesto que no le quedó sino huir de su ciudad: Königsberg, con lo cual más de un estudiante de filosofía especulará sobre la cautela que tendría después un hijo más famoso de la misma villa, uno que tendría tres años apenas cuando la retractación de Lau. Refugióse nuestro autor en Hamburgo con nombre falso hasta su muerte en 1740; y desde entonces se le tiene en gran medida olvidado. Esta traducción es un flaco, pero bien intencionado intento de rescatarlo del olvido, en primer lugar en atención a sus méritos literarios: o mucho me engaño o nadie había escrito en latín de una forma tan muscular, nerviosa, concisa y directa como Lau, llevando esa lengua a extremos aun mayores que el Séneca de las Cartas a Lucilio o el Tomás de Aquino del De ente et essentia. Pero qué digo: lo de Lau se cuece aparte; y sólo espero que el lector sepa apreciar la calidad de esta corta muestra de su escrito, a pesar de que toda traducción sea traición, y la presente ningún contraejemplo del adagio. La segunda razón de emprender esta traducción y publicación es el valor filosófico del texto, tanto más necesario en estos tiempos que corren, donde nos vemos asaltados y zaheridos por tantos y tantos ateos militantes quienes, para citar a Borges, hablan y escriben con tanta fluidez como ignorancia. Ninguno de estos fastidiosos atributos puede de cierto predicarse de Lau. Ya para despedirme, anoto que, si bien la traducción se ha cuidado al máximo, el texto presenta algunas dificultades que acaso el traductor no supo zanjar y por las que se disculpa desde ya con el culto lector; el cual tengo de cierto que también sabrá apreciar el no haber adornado el texto con notas explicatorias que hubieran podido insultar su inteligencia o peor: su independencia de pensamiento.

Fernando Leal Carretero

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